lunes, 24 de agosto de 2015

LAS CONJUNCIONES - Nivel: 8º

Las conjunciones
Las conjunciones son palabras invariables (sin género ni número) que unen o relacionan palabras, grupos de palabras o proposiciones (cláusulas). Ejemplos:

limas o limones la gorra de Luis y el arete de Diana      
No avanza ni retrocede.
No hablé con mi tía aunque sí pude verla.

Clasificación: coordinantes y subordinantes
Conjunciones coordinantes. Relacionan elementos de la misma categoría sintáctica; por ejemplo: dos adjetivos (amarillo y rojo), dos complementos directos (Cazó venados u osos), dos sujetos (Los gatos y los perros son las mascotas más buscadas.), etc.

Las coordinantes se subdividen en:
Copulativas. Indican suma o adición: y (su variante e), ni
David e Hilda  -  Ni chicha ni limonada   Juan entró y Rosa salió.

Disyuntivas. Relacionan elementos que se excluyen entre sí (es lo uno o lo otro): o (y su variante u)
No quiso traer el dinero u olvidó tráelo.

Adversativas. Relacionan elementos que se oponen total o parcialmente: pero, mas, sino (que)
Es decorativo, pero poco útil. -  No está enojado, sino deprimido.

Distributivas. Indican alternación de los elementos relacionados: uno... otro..., aquí... allí, bien... bien..., ya... ya..., etc.  Ya entra, ya sale.  -  Unas veces está alegre y otras de mal humor.   -   Bien ríe o bien llora.
(Algunos las incluyen con las disyuntivas)

Conjunciones subordinantes. Unen una proposición subordinada (dependiente) a una proposición subordinante (la principal) en las oraciones compuestas por subordinación.
Lo hice (porque tú me lo pediste).         Tú dijiste (que ella vendría).

Las subordinantes se subdividen en:

Completivas. La proposición subordinada es el objeto directo del verbo principal: que, si
Prometió que haría la comida.     -    Le preguntó si quería participar.

Causales. La proposición subordinada expresa causa: porque, ya que, puesto que, como
Donó la cena porque es rico.  – Como es tímido no le declaró su amor

Consecutivas. La proposición subordinada indica  consecuencia: luego, así que, conque, de modo que, tan que…, por lo tantoasí que Ejemplo: Estoy cansado así que no puedo ayudar.

Comparativas. Indican comparación entre las proposiciones: así como, tal como, igual que, mejor que, peor que, tanto como. Ejemplo: Actuó peor que los otros concursantes.

Finales. La subordinada expresa la finalidad de lo que dice la principal: para (que), a fin de que
            Te lo devuelvo para que estés tranquila.

Concesivas. La subordinada expresa una restricción de la principal: aunque, si bien, por más que, a pesar de que
            Aunque Ana le diga que no, ella va a ir. - No te creo, por más que lo niegues.

Condicionales. La subordinada expresa una condición de la que depende la principal: si, siempre que, con tal que, con sólo que.   Ejemplos: Seré ganador, si todo sale bien. Con tal que recibiera un premio, lo haría.
           
Temporales. Relacionan situaciones de tiempo: cuando, después que, antes de que, mientras, tan pronto como, a medida que. Ejemplo: Se fueron antes de que saliera el sol.
           
De lugar. Relacionan circunstancias de lugar: donde, adonde, de donde, por donde. Ej.: Se fue por donde vino.

De modo. Relacionan circunstancias de modo: como, según. Ej.: Lo hice según las indicaciones.



CONJUNCIONES.- Palabrasque unen o relacionan palabras, grupos de palabras o proposiciones (cláusulas).
COORDINANTES
Relacionan elementos de la misma categoría sintáctica.

   Copulativas
y (e), ni
Peras e higos  - limón y hielo
   Disyuntivas
o (u)
Luis u Horacio – carne o hueso
   Adversativas
pero, mas, sino (que)
No gatos, sino liebres
   Distributivas
uno... otro..., aquí... allí, bien... bien...,
ya... ya...
Ya lee, ya llora, ya duerme
SUBORDINANTES
Relacionan una cláusula (proposición) independiente con otra dependiente.
   Completivas
que, si
Dice que viene.  Dime si vas.
   Causales
porque, ya que, puesto que, como
Como está mal, no irá.
   Consecutivas
luego, así que, conque, de modo que, t
an… que…, por lo tantoasí que
Está ocupado, luego no te ayudará.
   Comparativas
así como, tal como, igual que, mejor que,
peor que, tanto como
Trabajó tanto como los demás.
   Finales
para (que), a fin de que
Te lo presto para que lo leas.
     Concesivas
aunque, si bien, por más que,
a pesar de (que)
Si bien estudió, no pasó la prueba.
  Condicionales
si, siempre que, con tal que, con sólo que
Iré con tal que haga buen tiempo.
  Temporales
cuando, después que, antes de que,
mientras, tan pronto como, a medida que
Fue mejorando a medida que practicaba.
  De lugar
donde, adonde, de donde, por donde.
Fue por ese hoyo por donde salió.
  De modo
como, según
Lo hice como me indicaste.


DUDAS DEL IDIOMA (I) - Nivel: 8º

DUDAS DEL IDIOMA (I) - Nivel: 8º
Dudas del idioma (1) – Nivel:
SI NO
Conj. condicional “si” + Adv. de negación “no”. Ejemplo:
El diploma no tiene validez, si no lleva la firma del Rector.
Sería el locutor perfecto, si no fuera porque es mudo.
SINO
Conjunción adversativa (contrapone un concepto a otro). Ejemplos:
Sabes que no te quiere sino a ti.
No sólo sabía cantar, sino también actuar.
VA A SER
Verbo “ir” + Prep. “a” verbo “ser”
          Creo que esta prueba va a ser la más difícil.
          ¿Qué va a ser de ti, lejos de casa?
VA A HACER
vamos, van,
iba… a hacer
verbo “ir” + Prep. “a” verbo “hacer”
¿Quién va a hacer el pedido?
          Va a hacer frío esta noche.
VA A HABER

Verbo “ir” + Prep. “a” verbo “haber” (existir, ocurrir)
Supongo que no va a haber clase por la protesta.
 Seguro va a haber muchos puestos desocupados.
VA A VER

Verbo “ir” + Prep. “a” verbo “ver”
Marta va a ver la película esta noche.
Va a ver usted que gana los conservadores.
AHÍ
Adverbio de lugar
Ahí está el detalle.
Déjelo ahí.
AY
¡Ay! – Interjección para expresar queja, dolor, etc.
¡Ay!... Me corté.  
¡Ay, ay, ay, te van a castigar!
HAY
Del verbo “haber” (existir, ocurrir)
No hay nadie en el salón.
Si hay errores, los corrigen.
A
Preposición (Prep.) que indica “dirección”, “situación”, etc., o que precede complementos u objetos directos o indirectos.
Se fue a su casa
Está a la derecha.
Escogieron a Juan.
Yo le regalé la manzana a la profesora.
AH

Interjección que indica asombro, sorpresa
¡Ah! ¡Ahora sí entendí!  
¡Ah, ya!
HA
Del verbo auxiliar “haber”, se usa seguido de participios pasados
(ha hablado, ha visto, ha escrito, ha comido)
El conferenciante ha expuesto ya su tema.
¿Quién no ha entendido?
¿Nadie ha visto mis llaves?
¡HUY!
Interjección que indica sorpresa.
¡Huy, se cayó!
¡Huy, qué bueno, por fin te salió un buen empleo!
HUI
Pretérito (pasado) de del verbo “huir”
Yo hui de la escena del crimen.
AS
1) Naipe de la baraja.
el as de bastos, el as de oros….
Ese es su as bajo la manga.
2) Alguien diestro en un deporte, profesión, etc.
Es un as para el fútbol.
Es un as para hacer desaparecer las cosas.
HAS
1) Del verbo auxiliar “haber”. Se emplea seguido de participios pasados, en las formas compuestas de los verbos.
Tú no has comido.
2) La 2ª persona de “haber” + Prep. “de” + verbo en infinitivo. Se emplea para dar órdenes, hacer recomendaciones, etc.
Has de estudiar para poder aprobar el año escolar.
Has de ganarte el pan con el sudor de tu frente.
HAZ
1) Imperativo del verbo “hacer”.
Haz la tarea.   Hazte a un lado.  
2) Conjunto de cosas largas y estrechas.
un haz de leña…
un haz de luz (rayos de luz)…  
un haz de hierba
3) Cara superior del limbo de una hoja (contraria al envés).
Miremos lo brillante que es el haz de esta hoja de ficus.

¡Ojo! Tener en cuenta también las diferencias entre…

a la (a la derecha)  
ala (el ala izquierda)
Alá (Dios para los musulmanes)
hala (de halar o jalar)

ases (plural de as)
haces (de verbo “hacer”: tú haces)
en vez (en vez de…, en lugar de…)

envés (cara inferior de una hoja, opuesta al haz)

EL MODERNISMO EN COLOMBIA - Nivel: 8º

El Modernismo en Colombia - 8º
El género dramático
Los tres géneros literarios básicos son la narrativa, la lírica y la obra dramática. La palabra drama significa acción. El texto dramático se escribe para ser representado en un escenario por varios personajes que dialogan.

El texto dramático se escribe  en forma dialogada

Clases de obras dramáticas

Tragedia: Conflicto entre personajes con fin trágico (Romeo y Julieta).
Comedia: Situaciones jocosas (Las convulsiones).
Drama: Conflictos y tensiones entre los personajes.
Tragicomedia. Combina tragedia y comedia.
Entremés. Breve, gracioso; personajes populares.
Sainete. De mediana extensión, conflicto y jocosidad.
Farsa. Obra cómica y satírica; personajes caricaturizados.
Melodrama. Drama con expresión exagerada de las emociones.
Musical. Los personajes cantan. Incluye la ópera y la zarzuela.



El género dramático en Colombia

Las primeras manifestaciones teatrales en Colombia fueron introducidas durante la Colonia, como fue el caso de la danza de los Matachines que representaba una batalla entre moros y cristianos.

Cronología del teatro en Colombia

Colonia.  Se cultivó la comedia. Fernando Fernández de Valenzuela (1616-1677), autor de “Laurea crítica”, una sátira contra la literatura engolada de la época.

Independencia. José Fernández Madrid (1789-1830) “Atala”, “Guatimocín”. Se le considera el fundador del teatro colombiano. Luis Vargas Tejada (1802-1829) “Las convulsiones”.

Teatro republicano y romántico (siglo XIX). Se tratan temas políticos José Joaquín Ortiz (1814-1892) “Sulma”. José María Samper (1828-1888) “Un alcalde a la antigua”.

Siglo XX. Énfasis en el realismo. Luis Enrique Osorio (1896-1965) “Doctor Manzanillo”, “Toque de queda”.

1950Se crearon las Escuelas de Arte Dramático de Bogotá y Cali. En 1968 se creó el Festival Internacional de Manizales. Enrique Buenaventura (Cali, 1925-2003) “Los papeles del infierno”.


EL GÉNERO DRAMÁTICO - Nivel: 8º

EL GÉNERO DRAMÁTICO - Nivel: 8º 
El género dramático
Los tres géneros literarios básicos son la narrativa, la lírica y la obra dramática. La palabra drama significa acción. El texto dramático se escribe para ser representado en un escenario por varios personajes que dialogan.

El texto dramático se escribe  en forma dialogada

Clases de obras dramáticas

Tragedia: Conflicto entre personajes con fin trágico (Romeo y Julieta).
Comedia: Situaciones jocosas (Las convulsiones).
Drama: Conflictos y tensiones entre los personajes.
Tragicomedia. Combina tragedia y comedia.
Entremés. Breve, gracioso; personajes populares.
Sainete. De mediana extensión, conflicto y jocosidad.
Farsa. Obra cómica y satírica; personajes caricaturizados.
Melodrama. Drama con expresión exagerada de las emociones.
Musical. Los personajes cantan. Incluye la ópera y la zarzuela.



El género dramático en Colombia

Las primeras manifestaciones teatrales en Colombia fueron introducidas durante la Colonia, como fue el caso de la danza de los Matachines que representaba una batalla entre moros y cristianos.

Cronología del teatro en Colombia

Colonia.  Se cultivó la comedia. Fernando Fernández de Valenzuela (1616-1677), autor de “Laurea crítica”, una sátira contra la literatura engolada de la época.

Independencia. José Fernández Madrid (1789-1830) “Atala”, “Guatimocín”. Se le considera el fundador del teatro colombiano. Luis Vargas Tejada (1802-1829) “Las convulsiones”.

Teatro republicano y romántico (siglo XIX). Se tratan temas políticos José Joaquín Ortiz (1814-1892) “Sulma”. José María Samper (1828-1888) “Un alcalde a la antigua”.

Siglo XX. Énfasis en el realismo. Luis Enrique Osorio (1896-1965) “Doctor Manzanillo”, “Toque de queda”.

1950Se crearon las Escuelas de Arte Dramático de Bogotá y Cali. En 1968 se creó el Festival Internacional de Manizales. Enrique Buenaventura (Cali, 1925-2003) “Los papeles del infierno”.


ESPUMA Y NADA MÁS, cuento por Hernando Téllez

Espuma y nada más
Hernando Téllez (Bogotá, Colombia, 1908-1966)
         No saludó al entrar. Yo estaba repasando sobre una badana la mejor de mis navajas. Y cuando lo reconocí me puse a temblar. Pero él no se dio cuenta. Para disimular continué repasando la hoja. La probé luego sobre la yema del dedo gordo y volví a mirarla contra la luz. En ese instante se quitaba el cinturón ribeteado de balas de donde pendía la funda de la pistola. Lo colgó de uno de los clavos del ropero y encima colocó el kepis. Volvió completamente el cuerpo para hablarme y, deshaciendo el nudo de la corbata, me dijo: “Hace un calor de todos los demonios. Aféiteme”. Y se sentó en la silla. Le calculé cuatro días de barba. Los cuatro días de la última excursión en busca de los nuestros. El rostro aparecía quemado, curtido por el sol. Me puse a preparar minuciosamente el jabón. Corté unas rebanadas de la pasta, dejándolas caer en el recipiente, mezclé un poco de agua tibia y con la brocha empecé a revolver. Pronto subió la espuma “Los muchachos de la tropa deben tener tanta barba como yo”. Seguí batiendo la espuma. “Pero nos fue bien, ¿sabe? Pescamos a los principales. Unos vienen muertos y otros todavía viven. Pero pronto estarán todos muertos”. “¿Cuántos cogieron?” pregunté. “Catorce. Tuvimos que internarnos bastante para dar con ellos. Pero ya la están pagando. Y no se salvará ni uno, ni uno”. Se echó para atrás en la silla al verme la brocha en la mano, rebosante de espuma.  Faltaba ponerle la sábana. Ciertamente yo estaba aturdido. Extraje del cajón una sábana y la anudé al cuello de mi cliente. El no cesaba de hablar. Suponía que yo era uno de los partidarios del orden. “El pueblo habrá escarmentado con lo del otro día”, dijo. “Sí”, repuse mientras concluía de hacer el nudo sobre la oscura nuca, olorosa a sudor. “¿Estuvo bueno, verdad?” “Muy bueno”, contesté mientras regresaba a la brocha. El hombre cerró los ojos con un gesto de fatiga y esperó así la fresca caricia del jabón. Jamás lo había tenido tan cerca de mí. El día en que ordenó que el pueblo desfilara por el patio de la escuela para ver a los cuatro rebeldes allí colgados, me crucé con él un instante. Pero el espectáculo de los cuerpos mutilados me impedía fijarme en el rostro del hombre que lo dirigía todo y que ahora iba a tomar en mis manos. No era un rostro desagradable, ciertamente. Y la barba, envejeciéndolo un poco, no le caía mal. Se llamaba Torres. El capitán Torres. Un hombre con imaginación, porque ¿a quién se le había ocurrido antes colgar a los rebeldes desnudos y luego ensayar sobre determinados sitios del cuerpo una mutilación a bala? Empecé a extender la primera capa de jabón. El seguía con los ojos cerrados. “De buena gana me iría a dormir un poco”, dijo, “pero esta tarde hay mucho qué hacer”. Retiré la brocha y pregunté con aire falsamente desinteresado: “¿Fusilamiento?” “Algo por el estilo, pero más lento”, respondió. “¿Todos?” “No. Unos cuantos apenas”. Reanudé de nuevo la tarea de enjabonarle la barba. Otra vez me temblaban las manos.    El hombre no podía darse cuenta de ello y ésa era mi ventaja. Pero yo hubiera querido que él no viniera. Probablemente muchos de los nuestros lo habrían visto entrar. Y el enemigo en la casa impone condiciones. Yo tendría que afeitar esa barba como cualquiera otra, con cuidado, con esmero, como la de un buen parroquiano, cuidando de que ni por un solo poro fuese a brotar una gota de sangre. Cuidando de que en los pequeños remolinos no se desviara la hoja. Cuidando de que la piel, quedara limpia, templada, pulida, y de que al pasar el dorso de mi mano por ella, sintiera la superficie sin un pelo. Sí. Yo era un revolucionario clandestino, pero era también un barbero de conciencia, orgulloso de la pulcritud en su oficio. Y esa barba de cuatro días se prestaba para una buena faena.
         Tomé la navaja, levanté en ángulo oblicuo las dos cachas, dejé libre la hoja y empecé la tarea, de una de las patillas hacia abajo. La hoja respondía a la perfección. El pelo se presentaba indócil y duro, no muy crecido, pero compacto. La piel iba apareciendo poco a poco. Sonaba la hoja con su ruido característico, y sobre ella crecían los grumos de jabón mezclados con trocitos de pelo. Hice una pausa para limpiarla, tomé la badana, de nuevo yo me puse a asentar el acero, porque soy un barbero que hace bien sus cosas. El hombre que había mantenido los ojos cerrados, los abrió, sacó una de las manos por encima de la sábana, se palpó la zona del rostro que empezaba a quedar libre de jabón, y me dijo: “Venga usted a las seis, esta tarde, a la Escuela”. “¿Lo mismo del otro día?”, le pregunté horrorizado. “Puede que resulte mejor”, respondió. “¿Qué piensa usted hacer?” “No sé todavía. Pero nos divertiremos”. Otra vez se echó hacia atrás y cerró los ojos. Yo me acerqué con la navaja en alto. “¿Piensa castigarlos a todos?”, aventuré tímidamente. “A todos”. El jabón se secaba sobre la cara. Debía apresurarme. Por el espejo, miré hacia la calle. Lo mismo de siempre: la tienda de víveres y en ella dos o tres compradores. Luego miré el reloj: las dos veinte de la tarde. La navaja seguía descendiendo. Ahora de la otra patilla hacia abajo. Una barba azul, cerrada. Debía dejársela crecer como algunos poetas o como algunos sacerdotes. Le quedaría bien. Muchos no lo reconocerían. Y mejor para él, pensé, mientras trataba de pulir suavemente todo el sector del cuello. Porque allí sí que debía manejar con habilidad la hoja, pues el pelo, aunque es agraz, se enredaba en pequeños remolinos. Una barba crespa. Los poros podían abrirse, diminutos, y soltar su perla de sangre. Un buen barbero como yo finca su orgullo en que eso no ocurra a ningún cliente. Y éste era un cliente de calidad. ¿A cuántos de los nuestros había ordenado matar? ¿A cuántos de los nuestros había ordenado que los mutilaran? … Mejor no pensarlo. Torres no sabía que yo era un enemigo. No lo sabía él ni lo sabían los demás. Se trataba de un secreto entre muy pocos, precisamente para que yo pudiese informar a los revolucionarios de lo que Torres estaba haciendo en el pueblo y de lo que proyectaba hacer cada vez que emprendía una excursión para cazar revolucionarios. Iba a ser, pues, muy difícil explicar que yo lo tuve entre mis manos y lo dejé ir tranquilamente, vivo y afeitado.    
La barba le había desaparecido casi completamente. Parecía más joven, con menos años de los que llevaba a cuestas cuando entró. Yo supongo que eso ocurre siempre con los hombres que entran y salen de las peluquerías. Bajo el golpe de mi navaja Torres rejuvenecía, sí; porque yo soy un buen barbero, el mejor de este pueblo, lo digo sin vanidad. Un poco más de jabón, aquí, bajo la barbilla, sobre la manzana, sobre esta gran vena. ¡Qué calor! Torres debe estar sudando como yo. Pero él no tiene miedo. Es un hombre sereno que ni siquiera piensa en lo que ha de hacer esta tarde con los prisioneros. En cambio yo, con esta navaja entre las manos, puliendo y puliendo esta piel, evitando que brote sangre de estos poros, cuidando todo golpe, no puedo pensar serenamente. Maldita la hora en que vino, porque yo soy un revolucionario pero no soy un asesino. Y tan fácil como resultaría matarlo. Y lo merece. ¿Lo merece? No, ¡qué diablos! Nadie merece que los demás hagan el sacrificio de convertirse en asesinos. ¿Qué se gana con ello? Pues nada. Vienen otros y otros y los primeros matan a los segundos y éstos a los terceros y siguen y siguen hasta que todo es un mar de sangre. Yo podría cortar este cuello, así, ¡zas! No le daría tiempo de quejarse y como tiene los ojos cerrados no vería ni el brillo de la navaja ni el brillo de mis ojos.
Pero estoy temblando como un verdadero asesino. De ese cuello brotaría un chorro de sangre sobre la sábana, sobre la silla, sobre mis manos, sobre el suelo. Tendría que cerrar la puerta. Y la sangre seguiría corriendo por el piso, tibia, imborrable, incontenible, hasta la calle, como un pequeño arroyo escarlata. Estoy seguro de que un golpe fuerte, una honda incisión, le evitaría todo dolor. No sufriría. ¿Y qué hacer con el cuerpo? ¿Dónde ocultarlo? Yo tendría que huir, dejar estas cosas, refugiarme lejos, bien lejos. Pero me perseguirían hasta dar conmigo. “El asesino del Capitán Torres. Lo degolló mientras le afeitaba la barba. Una cobardía”. Y por otro lado: “El vengador de los nuestros. Un nombre para recordar (aquí mi nombre). Era el barbero del pueblo. Nadie sabía que él defendía nuestra causa…” ¿Y qué? ¿Asesino o héroe? Del filo de esta navaja depende mi destino. Puedo inclinar un poco más la mano, apoyar un poco más la hoja, y hundirla. La piel cederá como la seda, como el caucho, como la badana. No hay nada más tierno que la piel del hombre y la sangre siempre está ahí, lista a brotar. Una navaja como ésta no traiciona. Es la mejor de mis navajas. Pero yo no quiero ser un asesino, no señor. Usted vino para que yo lo afeitara. Y yo cumplo honradamente con mi trabajo… No quiero mancharme de sangre. De espuma y nada más. Usted es un verdugo y yo no soy más que un barbero. Y cada cual en su puesto. Eso es. Cada cual en su puesto.   
La barba había quedado limpia, pulida y templada. El hombre se incorporó para mirarse en el espejo. Se pasó las manos por la piel y la sintió fresca y nuevecita. 
“Gracias”, dijo. Se dirigió al ropero en busca del cinturón, de la pistola y del kepis. Yo debía estar muy pálido y sentía la camisa empapada. Torres concluyó de ajustar la hebilla, rectificó la posición de la pistola en la funda y, luego de alisarse maquinalmente los cabellos, se puso el kepis. Del bolsillo del pantalón extrajo unas monedas para pagarme el importe del servicio. Y empezó a caminar hacia la puerta. En el umbral se detuvo un segundo y volviéndose me dijo: “Me habían dicho que usted me mataría. Vine para comprobarlo. Pero matar no es fácil. Yo sé por qué se lo digo”. Y siguió calle abajo.



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Vocabulario


agraz: rebelde, muy rizado (referido al pelo)
badana: cinta de cuero para afilar la navaja
escarlata: rojo oscuro
kepis (quepis): cachucha militar, con visera.
mutilado: que se le ha cortado una parte del cuerpo.
verdugo: quien ejecuta, mata, a un reo


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Hernando Téllez. Escritor y periodista colombiano. Ya desde muy joven mostró sus dotes de periodista, como colaborador de la revista Universidad que dirigía Germán Arciniegas, y como asistente de Enrique Santos en El Tiempo. También fue subdirector de El Liberal y director de la revista Semana. Durante el período comprendido entre los años 1943 y 1944 fue cónsul de Colombia en Marsella y senador de la República, pero destacó sobre todo por ser uno de los escritores más completos de su época (fue traductor, comentarista, cuentista, ensayista y crítico literario).

En su extensa obra ensayística trató temas de literatura, sociedad, política y vida cotidiana. Téllez fue un poeta del ensayo, a la par que profundo; fue un gran artesano del idioma, maestro en un manejo sobrio y eficaz del lenguaje. Fue un observador sensible de la vida cotidiana, un agudo crítico de la vida social y política del país, estudioso de los móviles ocultos de la violencia, y un narrador de cuentos conciso y diáfano, en los que bajo cada historia, aparentemente trivial, se encierran siempre las causas de los grandes conflictos sociales.